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Ayude a las víctimas de la guerra: ¡haga un donativo al CICR hoy!
8-05-2001    por Marion Harroff-Tavel
Comprometerse para compartir, para ahuyentar la indigencia y conjurar la violencia El voluntariado ante las amenazas del siglo XXI


Comunicado de prensa
Mensaje a los voluntarios
Orígenes del Día Mundial de la Cruz Roja

El 8 de mayo en las delegaciones del CICR en América Latina


América Central: entrega de los premios Henry Dunan y Jean Pictet: 2000-2001
Chile: Participación del Delegado Regional en los actos de comemoración

Chile: Proyecto educativo, CICR / Ministerio de Educación

Colombia: Lanzamiento de una nueva campaña de protección a la población civil.

Cono Sur: Julio Boca solidario: se difunde nuevamente el spot TV

Perú: Puertas abiertas en la delegación de Lima
Otros Sitios

Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja - Delegación Guatemala

Ver también:
Otros sitios de Cruz Roja en español
"El enemigo, nuestro verdadero enemigo,no es la nación vecina,
es el hambre, el frío, la miseria, la ignorancia,la rutina, la superstición, los prejuicios".

Henry Dunant, L'Avenir sanglant

    El 8 de mayo es su día, el día de los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Es un día en el que se les da las gracias, se les festeja por todo lo que aportan de forma desinteresada a la humanidad: no sólo curan heridas, visitan a ancianos o plantan árboles, sino que devuelven la esperanza perdida. Ni qué decir tiene que, en situaciones de una violencia inconcebible, en las que uno se pregunta cómo es posible que los seres humanos se inflijan mutuamente sufrimientos de tamaña crueldad, reconforta ver una espalda curvada sobre una bicicleta en busca de un enfermo de SIDA que hay que cuidar, un brazal en una ambulancia que recorre las calles de una ciudad devastada por la violencia, una mano que llena de comida una vasija de plástico. Vaya nuestro agradecimiento a los voluntarios por alentarnos, especialmente en estos momentos en que, una vez más, el Movimiento está de luto por la locura humana. Gracias por esa entrega que contribuye a menudo a salvar vidas, pero también a devolverle el sentido a la vida; gracias por los sacrificios personales que hacen en cumplimiento de su misión.

    ¿Caritativo? Más bien solidario y responsable

    Además de expresar nuestro agradecimiento, la jornada del 8 de mayo nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre el significado del voluntariado en la actual sociedad civil. Muchas personas conservan una imagen anticuada, la de la caridad al estilo del siglo XIX, la de la buena acción en favor del que carece de todo. De ahí su renuencia a una entrega que introduce una jerarquía en las relaciones sociales y que es, en resumidas cuentas, gratificadora para quien quiere tener la conciencia tranquila. La realidad de nuestros días es muy distinta. Entendámonos, no se trata de poner en tela de juicio el altruismo de la sociedad que otrora alivió tantos sufrimientos. Hay que ser conscientes de que el voluntariado de hoy ya no se concibe únicamente en términos de caridad, sino de solidaridad. Quizá habría que decir incluso de responsabilidad: la de preocuparse de saber si se respeta la dignidad de los demás. "Hacer del mundo entero, desde el hombre más próximo hasta el más alejado, nuestra angustia", escribía un miembro de la Cruz Roja hace más de cincuenta años, al término de la Segunda Guerra Mundial. "Hacer del hombre o de la mujer nuestra razón de esperar", deberíamos añadir, a comienzos del siglo XXI.

    Amenazas, el Estado en crisis y los voluntarios que se alistan

    Las amenazas que pesan sobre nuestro planeta se agravan y los Estados son poco aptos para hacerles frente, pero la sociedad civil está cada vez más comprometida y manifiesta en términos concretos sus frustraciones y aspiraciones. Las amenazas se concretan: atentados contra el medio ambiente, recalentamiento del planeta, propagación de enfermedades, especialmente del SIDA, diferencia entre el crecimiento demográfico en algunas zonas del mundo y el envejecimiento de la población en otras, desequilibrio en los modos de consumo, violación de los derechos humanos más elementales... la lista es larga. Por su parte, el Estado está en crisis en muchos países y busca un nuevo papel que desempeñar. A su lado, surgen nuevos actores, poderosos medios económicos, fuerzas regionales y asociaciones de ciudadanos, cuando no se trata de facciones armadas o de grupos criminales. En ocasiones, aunque su mayor deseo sea combatir la pobreza, la ignorancia y las enfermedades, no dispone sencillamente de los medios necesarios para ello. Su política pública está a merced de una economía mundial integrada. Con frecuencia, también es incapaz de resistir a los grupos de presión, que razonan puramente en términos de beneficio y están dispuestos a sacrificar el interés colectivo. O bien se convierte en un agente de rapiña y sus "servidores" se enriquecen a expensas de los más indigentes. El Estado sigue siendo, qué duda cabe, un pilar del sistema internacional, aun cuando haya de resituarse o reformarse y precise ayuda para lograrlo. No obstante, ya no se le puede considerar como la única defensa contra todas las amenazas que se ciernen sobre nuestro planeta, para garantizar una seguridad que ya no se concibe únicamente en términos de poderío militar, de equilibrio de fuerzas, de alianzas regionales o de defensa de las fronteras. De ahí la importancia que tiene, a nivel mundial, la entrega de los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que contribuyen en su entorno a una sociedad más sana, más tolerante, mejor adaptada para resistir a la violencia, y que difunden calor humano en derredor suyo...

    En resumidas cuentas, es en el cúmulo de acciones individuales anónimas, modestas, pero resueltas, movidas por una apertura hacia el otro, lo que hace la diferencia, como la del voluntario de la Cruz Roja de Uganda que arriesgó su vida para evitar que se propagara el virus Ebola, o la del voluntario de la Media Luna Roja Argelina que ayuda a mujeres y niños traumatizados por la violencia.

    Un gesto de fraternidad que tiende puentes entre comunidades

    El aumento de particularismos –étnicos, religiosos, nacionalistas, etc.– es un fenómeno característico de la sociedad contemporánea. A algunos les inquieta, otros ven en ello una sana reacción a la mundialización. En los conflictos armados o en los disturbios interiores es habitual ver actitudes de repliegue en sí mismo, en detrimento de los lazos que antes existían entre las comunidades a través de los partidos políticos, los sindicatos, los clubes deportivos, las estructuras escolares y las asociaciones femeninas. Los individuos buscan la seguridad en el seno de una colectividad con la que se identifican plenamente, verbigracia un grupo étnico o una comunidad religiosa. El tejido social se polariza. Cruzar las fronteras invisibles que separan las comunidades es exponerse a represalias. Manifestar la voluntad de reconciliarse es una forma de traición.

    Hay algo impresionante en la aptitud de los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja a superar esas diferencias, a procurar que se reconstituya una sociedad impregnada de comprensión y respeto de las diferencias. Los voluntarios de la Cruz Roja Colombiana, que trabajan con jóvenes en los arrabales para reforzar los vínculos sociales y desactivar la violencia, manifiestan ese sentido de fraternidad. Lo mismo cabe decir de los voluntarios de la Cruz Roja de Nigeria que prestaron los primeros auxilios en período de disturbios, trasladaron a docenas de heridos –cristianos y musulmanes– a hospitales y proporcionaron socorros y medicamentos.

    Alternativas a la violencia

    Decir que los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, gracias a su respeto de ciertos principios, como son la humanidad, la imparcialidad y, por supuesto, la voluntariedad, constituyen un símbolo, puede parecer excesivo a algunos. Al fin y al cabo, son principios de acción a los que se adhieren por su propia voluntad y que han de guiar su comportamiento. ¿Cómo puede esa adhesión influir en el resto de la humanidad? Y, sin embargo ....

    Es otro modelo de sociedad el que ofrecen los voluntarios, una sociedad que trasciende las fronteras, en la que prevalece la ayuda mutua, en la que el ser que sufre es socorrido no según sea su pasaporte ni su afiliación religiosa o pertenencia étnica, sino porque existe la dignidad humana. Esa dignidad no se comprende en todas partes de la misma manera, no procede siempre de las mismas fuentes, pero es universal. En colectividades que atraviesan una crisis de valores, que han perdido los puntos de referencia, que a veces se debaten sencillamente para sobrevivir y en las que los jóvenes carecen de futuro, la violencia ejerce una gran atracción. No obstante, en todas esas comunidades, incluso las que, con frecuencia, sólo son conocidas por los episodios más sangrientos que las asolan, existe una vía alternativa, que es la que eligen los voluntarios.

    Los medios informativos han acuñado un nuevo vocablo, el "afropesimismo", ese término doloroso que usan algunos analistas o periodistas para indicar que muchos países de África, así como de otros continentes, tienen un futuro inquietante, sobre todo los que estarán excluidos de las grandes corrientes de intercambio. Pero es triste hablar de esos países únicamente desde el ángulo más sombrío, a menudo el de la violencia interétnica o religiosa, mientras que, en esos mismos países, los voluntarios no sólo demuestran que no todos se dejan arrastrar por ella, sino que existen poderosas corrientes contrarias. En efecto, cuando algunos voluntarios caen víctimas de la locura humana, nos asaltan las dudas. Pero esas dudas son pasajeras, porque, en el fondo, sabemos que creían en lo que hacían y que, si se ha dejado caer la antorcha, desearían que otros la recojan. Alguien lo hará y ya lo ha hecho. Esto es la Cruz Roja y la Media Luna Roja, ese poderoso impulso de vida, de amistad, de un altruismo que no se nutre de teorías, sino de vivencias; esa convicción de que no sólo hay que atender, sino prevenir, de que se puede alcanzar la perfección en las cosas pequeñas. Una sonrisa, una mano tendida o una mirada, ya es a veces mucho.

    Un compromiso exigente

    Resulta difícil cifrar el número de voluntarios de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, ya que su modo de trabajar varía según las regiones. Algunos trabajan de forma gratuita, mientras que otros, en las regiones donde las condiciones económicas son duras, reciben una modesta retribución, pero todos tienen un espíritu de servicio y actúan de forma desinteresada. Son decenas de millones en el mundo, con distintos niveles de compromiso. Unos veinte millones están periódica e intensamente en activo. No hay que dar demasiada importancia a las cifras, puesto que la felicidad que procuran no se cuantifica. Pero veinte millones de voluntarios –en Albania o en Francia, en Afganistán o en Burundi, en Sri Lanka o en Estados Unidos, en los Grandes Lagos Africanos o en Oriente Próximo, en Asia central o en el Cáucaso– rinden un gran homenaje a Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. Este hecho demuestra simplemente que una idea, fruto de la mente de una persona, puede entusiasmar durante más de un siglo a mujeres y hombres de todos los continentes. Es también la prueba de que los jóvenes de todas las épocas tienen un ideal y que quizás se encuentren a sí mismos en el contacto con los demás y al descubrir su diversidad.

    Para poner por obra esta idea, son necesarios rigor, disciplina, tenacidad y voluntad para superar los obstáculos. Se podrían citar tantas iniciativas... Hay una bastante ilustrativa: la construcción, por parte de la Media Luna Roja Somalí, de dispensarios para las comunidades. Años de conflicto han dejado al país exangüe, con una infraestructura parcialmente destruida y sin Gobierno central. A pesar de las profundas divisiones en el país, la Media Luna Roja Somalí ha permanecido unida. Durante varios años, fue la única organización que trabajaba en todo el país. Hoy, garantiza el funcionamiento de 46 puestos de salud, que prestan un servicio vital para las comunidades retiradas. A falta de un sistema de salud nacional, esos dispensarios son los únicos lugares donde se presta asistencia médica en algunas regiones. Los pacientes caminan, a veces, durante días para llegar a ellos. Hay que sacar a relucir ejemplos así para poder recobrar la confianza en el futuro.

    ¿Sigue teniendo sentido el voluntariado? Los ancianos que duermen ateridos de frío en las calles de las grandes urbes, los niños que vagan sin rumbo en los barrios de chabolas, los enfermos de SIDA que mueren solos, los heridos que reciben los primeros auxilios contestan a esta pregunta con un rotundo "sí, más que nunca". Entonces, no se quede de brazos cruzados ante el desamparo de los demás, ¡hágase voluntario!




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8-05-2001