Las partes en conflicto harán distinción, en todo momento, entre población civil y combatientes, con miras a preservar a la población civil y los bienes de carácter civil. Ni la población civil como tal ni las personas civiles serán objeto de ataques.
- Los ataques sólo estarán dirigidos contra los objetivos militares.
Las personas que no participan – o que ya no pueden participar - en las hostilidades tienen derecho a que se respete su vida
y su integridad física y moral. Dichas personas serán, en todas las circunstancias, protegidas y tratadas con humanidad, sin distinción alguna de índole desfavorable.
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Se prohíbe matar o herir a un adversario que haya depuesto las armas
o que esté fuera de combate.
- Las partes en conflicto y los miembros de sus fuerzas armadas no gozan de un derecho ilimitado por lo que atañe a la elección de los métodos y medios de hacer la guerra.
Queda prohibido emplear armas o métodos de guerra que puedan causar pérdidas inútiles o sufrimientos excesivos.
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- Los
heridos y los enfermos serán recogidos y asistidos
por la parte en conflicto en cuyo poder estén. El personal sanitario, las instalaciones, los medios de transporte y el material sanitarios serán protegidos.
- El emblema de
a cruz roja o el de la media luna roja sobre fondo blanco
es el signo distintivo que indica que dichas personas y objetos han de ser respetados.
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Los combatientes capturados y las personas civiles
que se hallen bajo la autoridad de la parte adversaria tienen derecho a que se respete su vida, su dignidad, sus derechos personales y sus convicciones (políticas, religiosas u otras).
Serán protegidos contra cualquier acto de violencia o de represalias.
Tendrán derecho a intercambiar correspondencia con sus familiares y a recibir socorros. Se beneficiarán de las garantías judiciales fundamentales.