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28-08-2007  Reportaje  
República Centroafricana: la huerta de una prisión permite a los detenidos salir de las celdas
En la República Centroafricana, la temporada de siembra de cultivos alimenticios está muy adelantada. Un programa de huertas en prisiones, apoyado por el CICR, no sólo ayuda a alimentar a los prisioneros, sino también a darles esperanza y a dotarlos de una valiosa formación para el futuro. Informe de Jessica Barry.

©ICRC/J. Björgvinsson
Los detenidos trabajan en la huerta de la prisión de Bossangoa.

Hace un tiempo, una tarde se vio a los detenidos en la prisión de Bossangoa, en la región central de la República Centroafricana, preparar la tierra para plantar batatas en un terreno de dos hectáreas ubicado junto a las celdas. Pocos días antes, en otra parte del establecimiento penitenciario, habían plantado otro cultivo de subsistencia, la mandioca, y antes, cacahuates y maíz.

La huerta de la prisión se creó gracias a la voluntad del director del establecimiento de asegurar que los detenidos tuvieran suficientes alimentos, y al apoyo que el CICR decidió prestar a esa idea.

Las cárceles de la República Centroafricana adolecen de una crónica escasez de fondos para alimentos y otros artículos de primera necesidad. Algunos prisioneros reciben suministros de sus familiares, si éstos residen cerca de la prisión, pero muchos no cuentan con esa ayuda.

Durante 2006, el CICR llevó adelante un programa de alimentación nutricional de tres meses para unos 30 detenidos desnutridos en la prisión de Bossangoa. Aunque el programa les ayudó a aumentar de peso, no era una solución de largo plazo.

Cuando el nuevo director de Bossangoa, Roger Passi-Ngaka, asumió el cargo a finales del año pasado, sugirió plantar cultivos alimenticios en los terrenos de la prisión. El CICR acordó financiar el proyecto y proporcionar herramientas, fertilizante y semillas. Se solicitó a un agrónomo del Gobierno que planificase la huerta, proporcionase formación técnica y prestase apoyo a los detenidos que harían el trabajo.

El proyecto se puso en marcha hace dos meses, y una alfombra verde de hojas de cacahuate ya cubre el terreno que rodea al edificio principal de la prisión.

Esta iniciativa ofrece varios beneficios a los detenidos. El trabajo los saca de sus oscuras celdas y les permite estar al aire libre y hacer ejercicio. Los productos cosechados les permitirán complementar sus magras raciones de alimentos. La venta de los excedentes contribuirá a financiar el programa, y la formación técnica dota a los prisioneros de conocimientos que les servirán en el futuro.

Para un detenido de 34 años, padre de cinco niños, que está en Bossangoa desde hace cuatro meses, tanto el trabajo en sí como las sesiones de formación son actividades estimulantes. "Mis familiares y yo sólo tenemos conocimientos rudimentarios de agricultura", comenta. "Cuando recupere la libertad, podré utilizar las técnicas de cultivo que aprendí aquí, para aprovechar mejor mis tierras".

El señor Passi-Ngaka, director de la prisión, tiene planes ambiciosos para el futuro. "El año que viene, quisiera criar gallinas y cerdos, además de ampliar la superficie de tierra cultivada", dice.

Para el CICR, si el programa tiene éxito y comienza a ser rentable, podría servir como modelo para planes similares en otras prisiones del país, donde, como en Bossangoa, los detenidos sufren a causa de la escasez de alimentos.


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28-08-2007