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30-10-2007  Entrevista  
Chile: un cirujano del CICR comparte su experiencia con médicos que integran Misiones de Paz
El médico mexicano Víctor Uranga fue uno de los expertos del CICR que participó del seminario sobre cirugía de guerra organizado por el Estado Mayor de la Defensa Nacional y el Ministerio de Defensa Nacional de Chile. El seminario permitió a los médicos militares asistentes, que integran Misiones de Paz de las Naciones Unidas, actualizar sus conocimientos en la materia y aprovechar la experiencia de los cirujanos del CICR.

¿Por qué participa el CICR en este seminario?

A lo largo de su historia, el CICR ha acumulado una experiencia notable en materia de cirugía de guerra. La Institución está muy interesada en compartir esta experiencia con los médicos que integran las misiones de paz de las Naciones Unidas porque eso tiene un impacto directo desde el punto de vista humanitario.

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Vea la entrevista al Dr. Víctor Uranga incluída en el video del CICR La Cruz Roja en acción (formato Windows Media, para descargar. 2Mb).

Con el seminario realizado en Chile, los médicos de los ejércitos de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay que participaron perfeccionaron sus técnicas quirúrgicas y, sobre todo, pudieron reforzar los aspectos organizativos, lo que les permitirá estar preparados y responder inmediatamente en caso de necesidad, tanto en situaciones de conflicto como de desastre.

¿Qué caracteriza a la cirugía de guerra?

La cirugía de guerra tiene características especiales que la distinguen de la cirugía civil en la que normalmente está entrenado un cirujano. Un aspecto es el tipo de heridas que deben tratarse, que pueden ser ocasionadas por muy diferentes armas, puede tratarse de heridas de bala, de heridas cortantes ocasionadas por cuchillos o bayonetas, o quemaduras causadas por explosivos como morteros o minas.

Una herida sufrida en el campo de batalla está mucho más contaminada. En una herida sufrida en la vida civil, normalmente no es necesario hacer una limpieza tan extensa ni tan radical como la que es necesaria en una herida de guerra. Y cuando digo "limpieza" no me refiero solamente al lavado sino a la remoción de todo el tejido desvitalizado que rodea a la herida. Además, es habitual dejar las heridas abiertas por unos cinco días para prevenir infecciones.

El conocimiento de estas y otras técnicas específicas tiene un impacto directo a la hora de salvar un órgano, o incluso la vida, de un paciente.

¿Esto mejora las expectativas del paciente a largo plazo?

Claro, es el futuro del paciente lo que está en juego. Hay que tener en cuenta cuál es la población con la que trabaja el cirujano, sus pacientes por lo general son combatientes heridos, personas jóvenes. Estas personas necesitarán no sólo la atención inmediata de sus heridas sino también apoyo en materia de rehabilitación física a largo plazo. El CICR es una de las Instituciones humanitarias que más esfuerzos hace en materia de rehabilitación.

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En una precaria vivienda, el Dr. Uranga y los miembros de la Unidad Médica Móvil del CICR en Sudán practican una intervención quirúrgica.

¿Cuál es su experiencia con el CICR?

Trabajé en la Unidad de Cirugía Móvil que el CICR ha desplegado en Sudán. La unidad estaba integrada por mí, un anestesiólogo y dos enfermeras. La Unidad de Cirugía Móvil está preparada para desplegarse rápidamente y trasladarse a cualquier lugar de la provincia de Darfur, donde actualmente se libra un conflicto que, por sus características, hace imposible otra forma de prestar asistencia a las víctimas de los enfrentamientos.

Nos desplazamos con unos 400 kilos de equipamiento, incluyendo insumos como preparados e instrumentos esterilizados, medicinas, solución intravenosa, un generador de energía, el equipo de anestesiología, lo que nos permite montar un quirófano completo y realizar intervenciones de cirugía mayor en cualquier lugar del territorio de Darfur.

He trabajado también en Liberia, Eritrea y Afganistán. En Liberia viví la experiencia que más me ha impactado. Me tocó atender a un joven de 19 años al cual le habían cortado ambas manos a machetazos. Llegó a nuestro servicio en estado de shock, desnudo en una camilla, inmóvil y con las manos colgando, unidas a las muñecas sólo por la piel. No tuvimos más alternativa que completar la amputación, no se podía practicar ninguna clase de reconstrucción. Le salvamos la vida, pero ese joven dependerá el resto de su vida de alguien que lo ayude con las más básicas actividades cotidianas, como vestirse, asearse, ir al baño. En muchas ocasiones vemos cosas así de trágicas. Pero también me ha tocado, en zonas aisladas donde éramos los únicos médicos presentes, asistir partos complicados y salvar la vida de la madre y del niño. Esas son las cosas que nos recompensan, salvar la vida, salvar un miembro, hacer algo que le permitirá a esa persona reconstruir su vida una vez finalizado el conflicto.


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30-10-2007