©APF photo / A. Al-Rubaye
Cinco años después del desencadenamiento de la guerra en Irak, la situación en la mayor parte del país sigue siendo, desde el punto de vista humanitario, una de las más críticas del mundo. El conflicto impide que millones de iraquíes tengan suficiente acceso a agua potable y a servicios de salud y de saneamiento adecuados. Además de la actual crisis, perduran los efectos de los anteriores conflictos armados y de los años de sanciones económicas.
A pesar de ciertas mejoras por lo que respecta a la seguridad en algunas zonas, la violencia armada sigue teniendo desastrosas consecuencias. Las hostilidades continúan causando la muerte de personas civiles y muchos heridos no reciben una atención médica apropiada. Para millones de personas, el abastecimiento de agua es insuficiente y de mala calidad, debido a la falta de mantenimiento de las plantas de abastecimiento de agua y de tratamiento de aguas residuales, así como al escaso número de ingenieros.
©VII / F. Pagetti
El actual conflicto ha causado la separación de los miembros de muchas familias, pues unos han tenido que huir y los que no se han marchado luchan día a día por su subsistencia. La continua crisis económica, en que sobresale la alta tasa de desempleo, agrava aún más su difícil situación.
Para impedir que empeore la crisis, es necesario redoblar los esfuerzos para atender a las necesidades básicas de los iraquíes. Es primordial que cada hombre, mujer o niño iraquí pueda recibir atención sanitaria y médica, abastecerse de agua potable y contar con servicios adecuados de electricidad y saneamiento. Además, todos los que participan en el conflicto y los que pueden influir en ellos deben hacer todo lo posible por que las personas civiles, así como el personal y los establecimientos sanitarios, no sufran los efectos del conflicto. Es una obligación que impone el derecho internacional humanitario y se aplica a todas las partes en un conflicto armado, sean Estados, sean actores no estatales.
A pesar de la difícil situación de seguridad, el CICR ha podido ayudar a miles y miles de iraquíes que necesitaban acuciantemente recibir ayuda. Hasta la fecha, ha trabajado en estrecha colaboración con las organizaciones locales para que las personas en el país reciban la ayuda que más necesitan.
Es sumamente difícil obtener estadísticas fiables y completas sobre el estado de los servicios públicos en Irak. Este informe se basa en las conclusiones a que ha llegado el personal del CICR, así como en las observaciones que han hecho en los contactos que mantienen, con regularidad, con el personal de los hospitales, de los centros sanitarios y de los servicios de agua y saneamiento, así como con las autoridades públicas y otras organizaciones.
Familias separadas
©CICR / H. Hassan
Desde el desencadenamiento de la guerra entre Irak e Irán en 1980, los decenios de conflicto se han cobrado muchas víctimas entre la población civil iraquí. Miles de personas han quedado separadas de sus familiares, han perdido a la persona que velaba por su sustento, tienen a parientes enfermos, heridos o detenidos y algunos han tenido que huir a otras regiones o al extranjero. Muchas vidas se han visto truncadas. Las personas que no se han marchado son cada día más vulnerables, y a duras penas ganan para vivir. Las mujeres son las que peor lo llevan
.
Jamila Hammami, colaboradora del servicio de búsquedas del CICR en Irak. "Una dura realidad para las mujeres es desconocer la suerte que ha corrido el padre, un hermano, o el marido en la guerra. A las que están en este último caso, la sociedad no las considera esposas o viudas, sino algo entre estos dos estados; y tienen que velar por el sustento de la familia. El CICR promueve el derecho de las familias a saber lo que ha ocurrido con sus seres queridos. Los Estados tienen la obligación de esclarecer la suerte que han corrido las personas dadas por desaparecidas e informar consecuentemente a las respectivas familias."
Según fuentes públicas, de 375.000 a un millón de personas desparecieron en el periodo de 1980 a 2003 a causa de los conflictos. Desde entonces, han desaparecido otros miles y miles de personas. Ha sido imposible identificar muchos cadáveres en las actuales circunstancias de violencia porque son pocos los que se entregan al Instituto Forense de Bagdad o a otras instituciones gubernamentales iraquíes.
©CICR / H. Hassan
Miles y miles de iraquíes, la mayoría hombres, se encuentran actualmente detenidos, a menudo lejos de donde vive su familia, y una mujer vela por su sustento. El campamento de Bucca, ubicado en el sur del país, cerca de Basora, y que está bajo el mando de la fuerza multinacional en Irak dirigida por Estados Unidos, es el establecimiento de detención más grande de Irak, y hay en él más 20.000 reclusos. Las respectivas familias van de todo Irak a visitarlos, especialmente de la gobernación de Anbar y de Bagdad. La mayoría de los visitantes son mujeres, pues para los hombres es sumamente peligroso viajar hoy a otras gobernaciones. Para una visita que dura dos horas, las mujeres emprenden con sus hijos viajes peligrosos que pueden durar días y que, antes de la guerra, duraban sólo unas horas. Muchas pueden viajar sólo gracias al apoyo económico que reciben del CICR.
©APF Photo / M. Ibrahim
Tarek (33 años)
"Mi mujer y yo nos fuimos de casa hace casi un año. Ella había quedado encinta, pero, antes de marcharnos, fue herida y perdió el bebé. Hace tres meses vi que en televisión mostraban mi casa, porque justo en frente hubo una explosión. El corazón me latía a toda prisa, y no me atreví a llamar a mi mujer para que viniera a ver; sabía que para ella sería muy doloroso ver esa imagen. Ahora no podemos pensar en tener hijos porque estamos viviendo en la casa de un primo político con otras dos familias. De todos modos, lo que gano no basta ni para mantenernos a nosotros dos."
Ruba (38 años)
"Mis hijos y yo nos marchamos de la gobernación de Anbar hace casi dos años. Mi marido fue muerto ante nuestros ojos. Tenía que proteger a mis hijos, entonces hui con ellos esa misma noche llevando sólo un poco de dinero. Para mí ya no hay pasado ni futuro, sólo un aterrador presente. Si tan sólo tuviera algunas fotografías de mi marido y de mi familia… Tengo muchos recuerdos bien presentes, pero no sé por cuánto tiempo podré evocarlos. Solíamos sentarnos a comer todos juntos y reíamos… Hoy vivimos con mi primo y su familia. Somos 12 en una misma habitación. No quiero volver a vivir como antes, sería imposible sin mi marido. Todo lo que quiero es que mis hijos vayan al colegio y lleven una vida normal."
Alí (13 años)
"Hace dos años dejé Basora con mi hermana, de tres años, para ir a vivir en casa de mi tía. Mis padres dijeron que todo iría bien y que nos reuniríamos una semana después. Llevamos alguna ropa y mi hermana, su muñeca. Esperamos semanas, pero mis padres nunca llegaron. Mi tía me dijo que ahora soy el hombre de la familia y que tengo que encargarme de mi hermana. Ella no sabe que nuestros padres han muerto y siempre pregunta cuándo volvemos a la casa. Cuando yo sea más grande, volveremos a Basora y me ocuparé de ella."
Estado crítico de la asistencia sanitaria
Han pasado cinco años desde que comenzó la guerra, y muchos iraquíes no tienen acceso a la más mínima atención sanitaria. Falta personal cualificado y el mantenimiento de muchos hospitales y centros de salud ha sido deficiente.
Dadas las precarias condiciones de seguridad en el país, los enfermos y los heridos no tienen posibilidad alguna de recibir asistencia médica. En algunas zonas, es sumamente difícil prestar servicios médicos de urgencia o transportar material y equipamiento médico a causa de los numerosos puestos de control en las carreteras y los toques de queda que restringen el tránsito de personas y vehículos.
Pascal Ollé, coordinador de salud del CICR para Irak: "Los iraquíes desconfían de los servicios que reciben y no esperan nada de ellos. Sin embargo, es peligroso que las personas se acostumbren al actual estado de los servicios de salud que no llegan a un mínimo aceptable. Las autoridades sanitarias hacen lo que pueden, pero la escasez de los recursos y la precaria seguridad les impiden ir más de prisa."
Algunos pacientes van a clínicas privadas donde los servicios son más seguros, pero también muy onerosos, a tal punto que están fuera del alcance de la mayor parte de la población. En el sector privado, una consulta cuesta normalmente entre dos y siete dólares estadounidenses, según el servicio. Es imposible imaginar que las personas que ganan menos de cinco dólares al día puedan pagar tanto.
En los hospitales y los centros sanitarios faltan con frecuencia los medicamentos y otros suministros médicos esenciales. Los servicios de urgencia y los quirófanos no dan abasto en las situaciones en que hay muchas víctimas. Actualmente, hay 172 hospitales públicos con una capacidad de 30.000 camas –lo que está muy por debajo de las 80.000 camas que harían falta–, así como 65 hospitales privados. La mayoría fueron construidos hace más de treinta años y no reúnen las condiciones mínimas. Lo mismo vale para los muchos centros de atención primaria de salud que utilizan el mismo equipamiento desde hace 25 años. En todas partes, salvo en el norte del país, es necesario reemplazar y refaccionar, respectivamente, el equipamiento y los establecimientos médicos. Dada la precaria situación de seguridad, ha sido imposible proceder a un mantenimiento apropiado.
Dr. Ibrahim (nombre ficticio), médico del CICR que trabaja en Bagdad y en las gobernaciones centrales: "Como ciudadano iraquí y como médico, sé que los servicios médicos son insuficientes. En 2000 y 2001, se prestaban servicios gratuitamente. Hoy también, pero no como antes, porque hace falta personal especializado y equipamiento médico, entre otras cosas."
"Vivo con mi madre en Bagdad. Ella tiene 70 años y su salud es más bien buena. En las situaciones en que peligra la vida, por ejemplo, si una persona sufre una fuerte subida de la tensión arterial o un infarto, hay que tener en cuenta dos circunstancias: si ocurre durante la noche, es muy difícil pensar en el traslado a un hospital a causa de los toques de queda; es posible que una ambulancia pueda ir a buscarla, pero hasta que llegue a recogerla puede ser ya demasiado tarde. Si ocurre durante el día, los embotellamientos y los bloqueos en las calles dificultan un rápido traslado a un hospital." (…) "En cuanto a las enfermedades crónicas, la cosa es mucho más complicada. Hay muy pocos hospitales y médicos especializados en Bagdad. Por lo que se refiere al cáncer, por ejemplo, es posible hacer una operación en Irak, pero no una quimioterapia, que es parte esencial del tratamiento. Esto significa que hay que ir al extranjero y sólo lo hacen las personas que pueden permitírselo."
La falta de personal sanitario cualificado y con experiencia, en especial en las gobernaciones de Nayaf, Misan, Anbar, Wasit y Babil, tiene una incidencia directa en el nivel de atención disponible. Por ejemplo, la falta de parteras significa que muchas mujeres que dan a luz por la noche tienen que hacerlo sin asistencia, dado que las precarias condiciones de seguridad y los toques de queda les impiden ir a un hospital. Como muchos otros iraquíes, los médicos, enfermeros y sus familias corren el riesgo de que los secuestren o los maten. Algunos han sido amenazados. Según fuentes oficiales iraquíes, desde 2003, se ha dado muerte a más de 2.200 médicos y enfermeros y más de 250 han sido secuestrados. De los 34.000 médicos inscritos en 1990, por lo menos 20.000 han abandonado el país.
Actualmente, el sistema de salud iraquí está en peores condiciones que nunca. Ha habido muchas pérdidas de vida porque no se dispone de una atención sanitaria rápida y apropiada. Es necesario hacer más para garantizar a todos los iraquíes el acceso a mejores servicios sanitarios. Se debe proteger mejor contra las consecuencias de la guerra al personal sanitario y las instalaciones donde trabajan. Se requiere emprender nuevos esfuerzos no sólo para mantener y mejorar las instalaciones sanitarias, sino también para desarrollar los conocimientos y la capacidad del personal sanitario.
El agua: aún escasa y de baja calidad
©AFP Photo / W. Al-Okaili
Muchos iraquíes están obligados a abastecerse en fuentes de agua insalubres. Las consecuencias del crecimiento de la población, del alza de precios y de las precarias condiciones de seguridad se acentúan por la falta de personal calificado para mantener y reparar las instalaciones de agua y saneamiento. Al tiempo que aumentan las necesidades, estas instalaciones han colapsado en algunas partes de Irak. Ni siquiera las regiones donde ha mejorado la seguridad se libran de esta situación, pues se solicitan más acuciantemente los limitados servicios disponibles, a causa de una afluencia de personas desplazadas. Durante el año pasado, la situación no dejó de empeorar, excepto en algunas zonas en el sur y en el norte del país, donde aumentó la producción de agua potable.
Así pues, muchos iraquíes ya no pueden abastecerse de agua potable en los servicios públicos. Muchas personas, que se las tienen que arreglar solas, especialmente las más pobres, luchan sin descanso para conseguir lo que les hace falta. Actualmente, en Irak, se estima el salario mensual medio en unos 150 dólares estadounidenses. Puesto que el costo del agua potable es aproximadamente de un dólar por 10 litros, cada familia tiene que gastar por lo menos 50 dólares sólo para abastecerse de agua.
El CICR achaca el inadecuado abastecimiento de agua y el tratamiento y la eliminación insuficientes de las aguas residuales a la falta de mantenimiento de la infraestructura, a la escasez de ingenieros y de mecánicos experimentados, así como al mal empleo que se hace del equipo y a las averías.
Hay otros factores causantes de la deficiente calidad de gran parte del agua, entre los cuales las tomas clandestinas que se hacen en el sistema de abastecimiento de agua, las anticuadas redes de cañerías que no protegen el agua de la contaminación, y la frecuente discontinuación en el suministro de los productos químicos necesarios para el tratamiento y la desinfección del agua. Además, las plantas de tratamiento de agua, a menudo, no funcionan debidamente porque se avería el equipo y no hay un suministro regular de electricidad.
Ahmad (nombre ficticio), ingeniero de agua del CICR en Basora: “Por la noche, la mayoría de la gente bombea el agua directamente de la red. Esto hace disminuir tanto la presión, que el agua no llega a todas las zonas que debe abastecer la red. Además, la gente bombea a veces las aguas sin tratar y contamina los depósitos de agua que tienen en casa. Y aunque algunas familias tienen bombas de agua, es frecuente que no puedan utilizarlas por falta de combustible".
El cloro es esencial para la esterilización del agua potable; sin embargo, puesto que puede utilizarse en la fabricación de bombas y de otras armas, hay restricciones en su distribución. Muchas personas especialmente en algunas partes de Bagdad, Salah ad Din, Diyala y Nínive, no tienen otra alternativa que bombear el agua sin tratar, directamente de ríos o pozos.
©ICRC
Son alarmantes las deficiencias en el saneamiento. Con frecuencia, los sistemas de alcantarillado están tan deteriorados que hay verdadero peligro de que el agua potable se contamine con las aguas residuales; esto supone obviamente un grave riesgo sanitario. El brote de cólera en 2007 es sólo un indicio del peligro inminente que actualmente se cierne sobre los iraquíes. Las autoridades y las organizaciones humanitarias tomaron efectivamente medidas para atajar el brote de la enfermedad; pero, la situación seguirá empeorando, si no se hace un mantenimiento adecuado a la infraestructura y se da a conocer a la población el peligro que implica usar el agua que no ha sido tratada.
Los repetidos apagones y el suministro irregular de electricidad siguen afectando a muchos iraquíes. "En verano, es imposible vivir sin electricidad", dice Abu Samer de Bagdad. "Gano 150 dólares al mes. Si pido que me conecten a un generador particular seis horas al día, tengo que pagar, por lo menos, 50 dólares. También tengo que pagar por el agua potable. Hay momentos en que la vida es imposible para mi familia". Pero, los que ganan suficiente dinero tampoco están libres de problemas: “A veces, tengo que hacer cola durante un día entero para comprar 20 litros de combustible", dice Ibrahim Kassem, que vive en Ramadi. “Pero hacer cola también es un peligro. Nunca se sabe cuando estalla una bomba.”
La red de suministro de electricidad se deterioró a lo largo del año pasado, excepto en las gobernaciones del norte y en las de Babil y de Thi Qar. Como resultado de esto, muchas plantas de tratamiento de agua están completamente cerradas o funcionan a capacidad reducida. En partes de Bagdad, donde las temperaturas llegan a 50 ºC en el verano, suelen tener sólo una hora de electricidad por día. La situación es la misma en la gobernación de Anbar. Dan lugar a esta crisis un mantenimiento deficiente, un suministro insuficiente de combustible refinado, el uso de aceite combustible pesado en vez de gas natural en las plantas de turbina de gas, los actos de sabotaje, y por último, pero no menos importante, la omisión de efectuar las reparaciones necesarias y de mejorar la capacidad generadora. Por lo tanto, las plantas de tratamiento de agua, los centros de atención primaria de salud y los hospitales dependen de generadores durante gran parte del tiempo; pero, incluso este mecanismo de reserva falla con regularidad porque se usa demasiado y porque, cada vez más, hay una acuciante escasez de combustible refinado.